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Antonio Sánchez Varela
Artículos publicados en Alhaurin.com
Señales de vida | | Antonio Sanchez Varela. 11.02.16 | |  Salgo a la calle a primera hora de la mañana, la lluvia impacta en mi cara y un individuo se dirige hacia mí con rumbo imperturbable de colisión. Lo miro; me mira, y mientras decido cuán importante es demostrar que este duelo lo ganaré yo, me parece escuchar la banda sonora del bueno, el feo y el malo. He perdido: ha ignorado mi presencia para proseguir a resguardo del alfeizar. Me dirijo al metro, para diluirme en una trepidante marabunta que me conduce hasta el interior de un vagón repleto de personas absortas en tablets, móviles y libros; cualquier cosa, menos intercambiar una mirada con el vecino. Hasta que un hombre de mediana edad, desarmado de tecnología en la que ocultar sus ojos, clava su mirada en mí. Otro duelo. Esta vez me digo a mi mismo que no lo perderé: cuento ciento uno, ciento dos…ciento nada. Sonríe retador y bajo la mirada hacia mi reloj, en lo que se constituye en una honrosa derrota. La megafonía anuncia mi destino y, sin darme cuenta, aparezco en el mundo exterior después de dos duelos; de haberme cruzado con miles de personas; pero, sobre todo, de no haber hablado con ninguna…
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La manzana del deseo
| | Antonio Sanchez Varela. 15.01.16 | | El deseo es el sentimiento más irracional del ser humano, ya que normalmente no está cimentado sobre una necesidad vital. Esto lo sabía la serpiente que a su vez convenció a la pobre Eva, que ya bastantes problemas tenía en El Paraíso, para generar la primera necesidad de mercado en el atolondrado Adán; ¿en qué estaría pensando éste?... Una manzana, un mordisco y el mundo había cambiado para siempre: acarrearíamos la culpa de desear lo que hasta ese momento nunca antes habíamos precisado. Pero la culpa es otra arma poderosa de marketing, si no, que nos lo digan cuando escuchamos: ¨ Pero papá, si todos mis amigos lo tienen¨. Y es entonces cuando accedemos irracionalmente a comprar algo que ya teníamos, aunque mucho más caro, no vaya a ser que quedemos fuera del selectivo club de los que tienen lo último. Una manzana; un mordisco y nuestro mundo habrá cambiado para siempre: Tú, Adán trabajarás la tierra, y ganarás el pan con el sudor de tu frente para comprar aquello que no te hace falta. Es paradójico que la persona que se apropió del logo y del arte de generarnos necesidades innecesarias haya sido un ateo.
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| No hay vida extraterrestre | | Antonio Sanchez Varela. 02.01.16 | |  Después de siglos dirigiendo nuestras miradas a las estrellas en búsqueda de algún rastro que nos evite el sentimiento de soledad en esta inmensidad que es el universo; después de que Einstein nos hubiese planteado la remota posibilidad de doblar el espacio-tiempo para llegar, aunque tan solo sea, a la vuelta de la esquina de nuestro barrio ( 4,37 años/luz ) hasta Alfa Centauri , y voy yo, y llego a la conclusión irrefutable de que si hubiese vida por " ahí fuera " podría ser clasificada en base a su grado de hostilidad en : extraterrestres de ¨buen rollo¨; practican turismo galáctico haciendo amigos, o incluso aparcan el platillo volante a pie de una casa en la costa para pasar su jubilación y, nunca se pierden un fiestón como el de fin de año; ¨ los de mal rollo¨, ésos que van sometiendo planetas para después exprimir sus recursos. Estos alienígenas cabreados, sin duda, aprovecharían que todo el planeta está de resaca el día de año nuevo para invadirnos. Pero, nada, los únicos seres sospechosos que he visto estos dos días estaban demasiado borrachos como para poder pilotar nave espacial alguna. |
| Las uvas de la esperanza | | Antonio Sanchez Varela. 30.12.15 | |  Como todos los días, desde hace tres años, veo a Manuel defendiendo su puesto de trabajo a primera hora de la mañana al pie de un semáforo, un desapacible día de invierno amenazante de lluvia. Me comenta que a pesar de la Navidad continúa siendo invisible para todos los que nos protegemos de la realidad tras la ventanilla de un coche; eso, se traduce en pocas ventas de kleenex, pero no las suficientes para poder comprar mañana las doce uvas que cambien el futuro de sus dos hijas pequeñas. El color verde se ilumina y nuestra conversación finaliza con su silueta derrotada en mi retrovisor. A la vuelta de mi trabajo, su trabajo no ha finalizado todavía: una bolsa llena de pañuelos esperan ser vendidos, y las expectativas no son buenas. De repente, todo cambia con la lluvia, los remordimientos de conciencia de los conductores logran que la cara empapada de Manuel se haga visible con cada euro ganado. Hoy asoma el sol, mal día para Manuel. Al llegar a su semáforo un anciano parece haber ocupado su lugar. Continuo, preocupado, y al pasar por delante de una frutería cercana lo veo colocando cajas de uvas. |
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